Panamá despierta, con el alma en alto y la mirada firme.
No somos estrella en bandera ajena, ni peón en tablero prestado.
El Canal es nuestro, sudado con historia y bañado en soberanía.
No hay tratado que amarre la dignidad ni discurso que borre la memoria.
Estados Unidos puede traer sus barcos, sus acuerdos, sus promesas disfrazadas de alianzas,
pero aquí, en esta tierra de tambor y machete,
la patria no se arrodilla.
Ya basta de diplomacia que huele a imposición.
Panamá no es colonia,
es tierra rebelde,
es istmo valiente,
es pueblo que sabe cuándo decir: ¡Hasta aquí!
La historia no se repite si el pueblo está despierto.
Y hoy, el pueblo panameño alza la voz:
Ni colonia, ni títere… Panamá es libre, Panamá se respeta.
