Tras el fallecimiento del papa Francisco, el mundo católico se encuentra en un momento decisivo. Entre los nombres que resuenan con fuerza para ocupar el Trono de San Pedro destaca el del cardenal Robert Sarah, originario de Guinea, ex prefecto de la Congregación para el Culto Divino y defensor de una línea tradicional dentro de la Iglesia.
Sarah es conocido por su firmeza doctrinal, su oposición a las reformas más progresistas y su llamado constante al regreso de una espiritualidad más conservadora y litúrgicamente reverente. Su figura ha sido admirada por sectores que consideran que el papado de Francisco dejó demasiadas puertas abiertas al cambio.
El cónclave, que reunirá a unos 130 cardenales electores en las próximas semanas, será determinante. Más de dos tercios de ellos fueron nombrados por el propio Francisco, lo que podría inclinar la balanza hacia un perfil más reformista. Sin embargo, la figura sobria, culta y firme de Sarah podría generar consensos inesperados.
Mientras el Vaticano se prepara para los funerales y el cónclave, el mundo observa con expectativa quién guiará a la Iglesia en esta nueva etapa.
